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lunes, 3 de octubre de 2011

Ahogada en palabras, alcohol y humo.

Estaba por buscarte cuando de repente, te encontré entre mis letras.

Eran aproximadamente las cuatro y media de la madrugada, la monotonía de despertar cada día más temprano le sugería a mis ojos ver el amanecer de un nuevo día; buscaba con locura el apagador de la luz mientras mi cuerpo pedía, no cinco minutos más entre las cobijas y tu ausencia, sino tu estadía conmigo.

Logré prender la lámpara que siempre me ilumina en las noches de tu ausencia, cuando de repente me di cuenta de que mis pies ya no respondían, estaban demasiado cansados y llenos de torpeza, y no solo eso, sino también heridos al saber que te buscaron tanto y nunca te pudieron encontrar.

Me sentí tan mal, logré quitarme las sábanas que cubrían mi cuerpo y con esfuerzo mis pies reaccionaron; pensaban que se levantaban. Cubrí mis pies con unas pantuflas para que el dolor no los consumiera a cada paso, baje cuidadosamente los catorce escalones que conforman mi escalera hacia una sola dirección, una botella de ron.

Después de varios sorbos, decidí volver a subir los catorce escalones que tenían mis escaleras en busca de un cigarro, esos que tengo guardados en la misma caja que alberga tus recuerdos. Mis pies se sentían mejor. Bajé de nuevo para fumar afuera de la casa, saqué el encendedor de mi bolsa y, justo cuando iba a encender ese cigarro, llego un viento solitario que buscaba mi compañía, apagó el fuego. Decidí hacer otro intento y por fin lo logré; empecé a fumar mientras le daba más sorbos a mi bebida.

Sentada en la banca que está afuera de mi casa decidí empezar a leer un libro, el segundo libro que leo después de tu adiós; me parecieron conocidas todas esas letras, era mi vida.

Todas esas letras que conformaban mi vida tenían un gran vacío, casi tan parecido al de mi corazón. El libro tenía consigo una hermosa pluma, tinta sin parar (quiero suponer que era para que nunca dejara de escribir mi historia) y un corrector, no encuentro otra explicación de haberlo encontrado sino para corregir tu ausencia.

Ese libro tenía muchos espacios en blanco en donde cabía perfectamente tu nombre como el único protagonista; decidí dejar todo en blanco, tal y como estaba, no quería volverme a equivocar en mi vida. Tras la última gota que logró dar mi botella de ron y la última tanda de humo que salía por mi boca, decidí cerrar el libro y esconderlo en el mismo lugar en donde están tus recuerdos y mis cigarros; he decidido no volverlo a abrir hasta que estés de nuevo a mi lado, para que juntos escribamos tu nombre en cada uno de esos espacios.

Los primeros rayos del sol cubrían mi cara llena de ausencia; decidí tomar un baño para sentir cómo el agua recorría mi cuerpo y, a pesar de todo, sentirte siempre ahí. Puse tu música preferida para recordarte más y sentir que no lloraba sola, las gotas de agua también me acompañaban. No lloraba por dolor, lloraba por no poder estar a tu lado; cerré la llave del agua, tome la toalla y la puse alrededor de mi cuerpo para sentir que algo me abrazaba. Fui a mi habitación, cerré la puerta, terminé de escribir.

Ésta es una historia con los sentimientos más rotos que las palabras.

2 comentarios:

  1. Creí que iba a encontrarme con algo distinto. Gracias. Me has enseñado a leerte antes de encasillar el contenido de tus letras y eso me gusta.

    Me topé con un texto completamente distinto a los que has escrito con anterioridad; me has llevado de la mano de principio a fin, imaginé cada elemento en tu relato, e incluso, me quedé con ganas de leer más.

    No dejes de escribir, sigue inventando la manera de impresionarnos con tus letras. Buena creación, me encantó la forma en que fuiste construyendo el texto.

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