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viernes, 23 de diciembre de 2011

Solipsismo


Te recordé esta mañana. Fue hace ya varios años llenos de besos bajo la lluvia, de sequías de silencio, de ardor en nuestros cuerpos. Aún recuerdo ese día  cuando mi corazón temblaba de miedo al encontrarse tan vacío y tú, llegaste para apartar ese miedo. Me salvaste. Me llenaste de vida, de ilusiones, de amor. Ahora, son más que recuerdos.

Te miré y tú ya me mirabas; te acercaste, me hablaste. Te invité a mi vida. Te escribía y tú me leías. Cantabas mientras yo te escuchaba. Me pensabas, invadía tu mente; invadías mi corazón. Me enseñabas un nuevo mundo y poco a poco, querías convertirte en el protagonista. Tallaste nuestros nombres en un árbol. Nos enamoramos. Platicábamos hasta la madrugada. Visitábamos nuestros sueños. Te sentí. Curábamos esas alas rotas y nos hacíamos volar. Nos besamos. Viajamos alrededor del mundo. Te perdí y encontré. Tuve miedo, me abrazaste. Me necesitabas.

Te miré y tú me hablaste. Nos invitamos a nuestras vidas. Te escribí y nunca te leí. Cantabas en ocasiones para mí o lo guardabas. Invadimos nuestras vidas. Me enseñaste un nuevo mundo y te convertiste en el antagonista. Nuestros nombres en el árbol se desvanecían. Me enamoré, te enamoraste. Platicábamos hasta media noche. Visitabas mis sueños, a veces. Nos sentimos. Las alas se quebraron. Me besaste. Viajamos a numerosas ciudades. Te perdí. Tengo miedo. Te necesito.

Te miré y apartaste la vista. Nos invitamos a unas vidas. Te escribí y nunca te hice saber de esas cartas. Cantabas para el aire. Invadíamos otras vidas. Me enseñaste un nuevo mundo y te convertiste en el narrador. Talaron el árbol en el que escribimos nuestros nombres. Alguien se enamoró. Platicábamos hasta las nueve de la noche. Visitábamos otros sueños. Ya no sentíamos. Rompimos nuestras alas. Besé. Viajé a un mundo deshecho. Perdí. Miedo. Necesidad.

Te miré y tus ojos me buscaban, no paraste de hablar. Te invité a todas las vidas que había creado. Cantabas las canciones que me habías escrito y yo las escuchaba. Saqué todas esas cartas y te las entregué; las leímos juntos. Invadíamos nuestra mente y corazón. Me enseñabas un nuevo mundo y te convertiste en el protagonista. Plantamos un nuevo árbol y tallamos juntos nuestros nombres. Nos enamoramos. Platicábamos hasta el amanecer. Habitabas mis sueños. Nos sentimos. Llegamos a volar más alto que el cielo con esas alas rotas. Nos besamos. Viajamos hasta el universo. Nunca te perdí, siempre te encontraba. Nunca tuve miedo, siempre me abrazabas. Nos necesitábamos.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Estoicismo

Las palabras pueden devorarte más que los secretos.

He visto mi vida pasar en cada grano de arena que cae de ese reloj viejo que aún conservo y por ende no he podido dormir porque cada segundo, cada instante consume mi vida; esa vida que al parecer y perecer es una tragicomedia nada allegada a la de Calisto y Melibea.

Las palabras han logrado consumirme y también se han consumado; todo al mismo tiempo. He llegado a pensar que todo esto es una gran paranoia revoloteando de delirios que no deja de tragarse mi cordura. Tengo un gran anhelo de que al final de todo, pueda llegar a la catarsis tan rápido como se rompen los sueños y me impresiona el grado de verborrea que puedo generar sin suscitar nada pero lo que sí puedo llegar a gestar es a aturdirlos de una manera impresionante. O no sé si tal vez lo único que quiero generar es una idea minimalista de lo soy y siento o, más bien, de lo que creo ser y sentir.

La podredumbre de la vida me llega a sofocar tanto como el humo de este cigarro que me consume, que se complementa con el ardor de mi cuerpo y con las llagas que atormentan a mi corazón. Y por todo esto he generado un hastío al amor que he de confesar es mentira; no el amor, el hastío. Me da lástima el ínfimo valor que le he dado al amor o a lo que pueda lograr el corazón y toda esta palabrería de la que me arrepentiré cuando me vuelva a enamorar.

Me han estado devorando con una vehemencia efímera, de la cual sé acompañada de nostalgia y principalmente de demencia. Me he visto formar mares de lágrimas que siguen las grietas de esas ilusiones rotas que tocan el corazón; de igual manera me he visto llegar tarde a tu vida sin tener ni puta idea del porque deje mi estadio en otra vida por cinco minutos más.

Dejé que el tiempo arrancara mis ilusiones más no mi sufrimiento y por eso me estoy consumiendo tan rápido, así como me puedo llegar a terminar una botella de ron, así como me puedo enamorar y desenamorar a diario; así como perdemos nuestro valor y ¡puta madre!, nunca encontrarán la ilación en este texto.

Me invité a una vida sin saber que iba retrasada.