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lunes, 7 de noviembre de 2011

Amanecer con Tertulia

Doy más sorbos de café que suspiros.

Despierto cada mañana con la única intención de tomar café, en realidad es algo que adoro. El olor del café recién hecho me hace despertar de inmediato, no sé si es el olor o más bien, la costumbre.

Tengo una taza especial que nadie puede utilizar más que yo. Es una taza grande con respecto a las otras en donde cabe perfectamente la porción necesaria que necesito para empezar mi día, está inundada de colores muy llamativos que albergan cada mañana una infinidad de sabores.

Mi café con dos cucharadas  y media de azúcar, un poco de leche acompañado de un buen libro; no puedo pedir más. Me gusta disfrutar mi café recorriendo las letras de los libros más interesantes que hasta ahora he podido leer; la mayoría de las veces prefiero acompañarlo con libros y no con personas, no dejaría que personas tan idiotas arruinen el mejor momento de mi día.

Existen muchos lugares en los cuáles disfruto beber mi café, hay veces en las que salgo al patio delantero o trasero (el que quede más cerca), en donde aún descalza y en pijama, me siento sobre el piso frío que acompaña la mañana mientras veo como el sol, al igual que yo, va despertando; veo los automóviles pasar con una rapidez incomparable, como si su destino cambiara de lugar cada segundo y lo tuviesen que alcanzar, tal vez están persiguiendo sus sueños.

De pronto, algunos animales se acercan. Su compañía me es casi tan grata como la que nace de leer un libro. A veces, suelo pensar que les atrae el olor que brota despacio de mi piel, ese olor que deja el café; tal vez quisieran tener esa sensación que mi bebida provoca, adentrarse en sus sabores. En realidad, siempre busco compartirles un poco de mí entre mi taza, pero cuando volteo a verla, no queda ni medio sorbo.

Al llegar a esta parte del texto el 2% de ustedes se preguntaran, ¿por qué Tertulia? (Qué inteligentes), el 98% restante estará pensando en invitarme una taza de café, obviamente. Tengo dos maravillosas respuestas: la primera es que le he apodado a mi café así, Tertulia, por eso el título; la segunda es que obviamente no voy a aceptar sus invitaciones, idiotas.

He tomado café desde que nací, no recuerdo mañana alguna sin haberlo probado. Muchas personas me decían que no tomara café, que me haría mal a mi corta edad, pero en realidad no me importa para nada lo que digan, es mi vida y si quiero vivirla acompañada de sorbos de café, así lo haré.

Bebí el último sorbo de café, terminé mi relato.

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