Doy
más sorbos de café que suspiros.
Despierto cada mañana con la
única intención de tomar café, en realidad es algo que adoro. El olor del café
recién hecho me hace despertar de inmediato, no sé si es el olor o más bien, la
costumbre.
Tengo una taza especial que
nadie puede utilizar más que yo. Es una taza grande con respecto a las otras en
donde cabe perfectamente la porción necesaria que necesito para empezar mi día,
está inundada de colores muy llamativos que albergan cada mañana una infinidad
de sabores.
Mi café con dos cucharadas y media de azúcar, un poco de leche acompañado
de un buen libro; no puedo pedir más. Me gusta disfrutar mi café recorriendo
las letras de los libros más interesantes que hasta ahora he podido leer; la
mayoría de las veces prefiero acompañarlo con libros y no con personas, no
dejaría que personas tan idiotas arruinen el mejor momento de mi día.
Existen muchos lugares en
los cuáles disfruto beber mi café, hay veces en las que salgo al patio
delantero o trasero (el que quede más cerca), en donde aún descalza y en pijama,
me siento sobre el piso frío que acompaña la mañana mientras veo como el sol, al
igual que yo, va despertando; veo los automóviles pasar con una rapidez
incomparable, como si su destino cambiara de lugar cada segundo y lo tuviesen
que alcanzar, tal vez están persiguiendo sus sueños.
De pronto, algunos animales
se acercan. Su compañía me es casi tan grata como la que nace de leer un libro.
A veces, suelo pensar que les atrae el olor que brota despacio de mi piel, ese
olor que deja el café; tal vez quisieran tener esa sensación que mi bebida
provoca, adentrarse en sus sabores. En realidad, siempre busco compartirles un
poco de mí entre mi taza, pero cuando volteo a verla, no queda ni medio sorbo.
Al llegar a esta parte del
texto el 2% de ustedes se preguntaran, ¿por qué Tertulia? (Qué inteligentes),
el 98% restante estará pensando en invitarme una taza de café, obviamente.
Tengo dos maravillosas respuestas: la primera es que le he apodado a mi café así,
Tertulia, por eso el título; la segunda es que obviamente no voy a aceptar sus
invitaciones, idiotas.
He tomado café desde que
nací, no recuerdo mañana alguna sin haberlo probado. Muchas personas me decían
que no tomara café, que me haría mal a mi corta edad, pero en realidad no me
importa para nada lo que digan, es mi vida y si quiero vivirla acompañada de
sorbos de café, así lo haré.
Bebí
el último sorbo de café, terminé mi relato.
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